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viernes, 26 de julio de 2013

TEMPLO SEIKYUJI



Desde la época del Buda Shakyamuni se repiten las mismas palabras, pero según la forma de repetirlas se convierten en mundos muertos o en mundos vivos. ¿Cómo pronunciar palabras que nunca han sido pronunciadas ?

Lo mismo ocurre con la construcción de un templo. ¿Cómo construir un templo que nunca haya sido construido ?

Cuando en el templo de la Gendronnière se acabaron las obras del dojo y de los edificios, el Maestro Deshimaru dijo : "Me gustaría  poder destruirlo todo y empezarlo de nuevo, pero no tengo tiempo."

Cuando el Maestro Dogen llegó a Japón a su vuelta de la China de los Song inmediatamente se puso a buscar un lugar para instalarse con sus discípulos. En los inicios de la construcción del templo de Eihei-ji pronunció estas palabras : "En nuestros días la mayoría de la gente piensa que construir un templo es señal de la difusión de la Vía. Es absolutamente falso. Ningún templo, ni siquiera construido en oro, puede ser un medio para despertarnos. Evidentemente la gente que los visita nota un ambiente propicio, pero esto no concierne a los monjes. Tenemos que recordar las palabras del Buda y practicar en chozas y bajo los árboles. Así se expandirá el budismo de verdad. Pero hoy he de construir un dojo y pongo toda mi energía en encontrar mecenas que den dinero, a pesar de que sepa que eso no tiene nada que ver con la difusión del budismo. No tengo muchos discípulos y tengo mucho que hacer. Mi única esperanza al construir este dojo es ayudar a la gente que vive en la ilusión y que los que practican hoy puedan hacer zazen. Si mi proyecto no se lleva a cabo, no quedaré decepcionado. Incluso si sólo consiguiera levantar un único pilar, será para mis descendientes la montaña de mi esperanza inacabada, lo que ocurra más tarde no es asunto mío."

En la vida social vamos siempre de un mundo a otro : del mundo del zen al mundo de la familia, del mundo del trabajo al mundo de los amigos, y todos esos mundos se ignoran unos a otros, cada uno protege egoístamente su territorio como un país protege sus fronteras.

Perpetuar la inmensa esperanza de los maestros del pasado es crear en un lugar como éste una vida que no sea una posesión sino un mundo a compartir.

Aquí se trata de una antigua granja colocada en una planicie agrícola en medio de campos de olivos cerca de Sevilla. El clima es a veces rudo, el sol naturalmente ardiente y los dos vientos, el Levante y el Poniente, son uno temible, el otro esperado.

Pero todos aquellos que vienen a esta tierra quedan impresionados por la sencillez de la vida que aquí se vive. Las condiciones de vida son rudimentarias. El primer dojo de verano tenía por suelo la tierra amarillo oro de Andalucía, por techo el canto de los pájaros, por paredes el viento de verano y por única luz la de la luna, la de las estrellas y la de las velas.

Es evidente que hay que construir, pero también hay que conservar en el fondo de nuestro corazón esto momentos del principio.

Y aún más importante que un templo acabado, perpetuar esa esperanza inacabada.


Raphaël Doko Triet


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