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miércoles, 27 de febrero de 2013

Budismo Comprometido

Quizá a falta de buscar más, pero no encuentro en nuestros blogs demasiadas entradas sobre este tema.  Pese a que se refiere a sucesos acaecidos hace año y medio, este artículo de David Loy me parece lo suficientemente interesante para publicar, con la esperanza de que suscite numerosos comentarios.


Despertarse de la pesadilla
Reflexiones budistas sobre el movimiento Occupy Wall Street David R. Loy (octubre de 2011)  

En una entrada  sobre el movimiento Occupy Wall Street en su blog budista, Michael Stone cita al filósofo Slavoj Zizek que se dirigió  a los indignados en Nueva York en  Zuccotti Park el 9 de octubre de 2011:   “Os  dicen que somos soñadores. Los verdaderos soñadores piensan que las cosas pueden seguir indefinidamente como son. No somos soñadores. Nos despertamos  de un sueño que se ha vuelto una pesadilla. No destruimos nada. Somos solamente testigos de un sistema  que él mismo se destruye. Conocemos todos esta escena clásica de los dibujos animados:   el gato Silvestre llega al borde del precipicio, pero sigue andando sin saber que no hay nada debajo. Es solamente cuando baja los ojos que se da cuenta y cae. Es lo que hacemos aquí. Decimos a los tipos de Wall Street: “Eh, mirad  abajo!” ”
Como Slavoj y Michael lo dicen, comenzamos a despertarnos de este sueño. Es una manera interesante de expresarse, ya que el Buda también se despertó de un sueño. Buda significa “el Despierto”.  ¿De qué sueño se despertó? ¿Habría un vínculo con la pesadilla de la que nos despertamos ahora? 
Desde el principio, se criticó a los inquilinos de Wall Street por sus vagas pretensiones: aunque estaban evidentemente en contra del sistema actual, no quedaba claro  en lo que estaban a favor . Desde entonces, se dieron algunas precisiones: muchos manifestantes reclaman impuestos más elevados para los ricos, un impuesto “Robin de los bosques” (Tobin) sobre las transacciones financieras, y una reforma bancaria para separar los bancos de depósitos de los bancos de inversión. Son objetivos encomiables, aunque sería falso creer que estas medidas, solamente, solucionarán el problema de fondo. Deberíamos darnos cuenta del descontento general y difuso que tanta gente experimenta, ya que refleja la toma de conciencia general y difusa de que las raíces mismas de la crisis son muy profundas y exigen una transformación más radical (i.e. “a la raíz”). 
Wall Street es la parte más intensa y la más visible de una pesadilla mucho mayor: la ilusión colectiva de que nuestro sistema económico actual - el capitalismo de mercado, consumista  y globalizado - es no solamente el mejor sino el único posible. La fórmula de Margaret Thatcher es conocida: “No hay otra elección. ” Los acontecimientos de los últimos años minaron esta confianza. Los de las últimas semanas son una reacción a la toma de conciencia generalizada de que nuestro sistema económico está amañado de tal forma que aprovecha al  más rico (el “uno por ciento”de la población) a costa de la clase media (que disminuye rápidamente) y  de los pobres (cuyo número crece rápidamente); y a  costa obviamente de numerosos ecosistemas, lo que tendrá graves  consecuencias sobre la vida de nuestros nietos y de sus hijos. Tomamos conciencia de que este sistema injusto está averiado, y  de que es necesario que esté averiado para que mejores alternativas puedan desarrollarse.  No es sólo la economía lo que es necesario cambiar, ya que no hay verdadera separación entre el sistema político y el sistema económico. Con la sentencia Citizens United, dictada  por el Tribunal Supremo el último año y que suprime la limitación de los gastos de empresa con el fin de influir sobre las elecciones, el poder de las empresas parece haber tomado el control de los niveles más elevados del Gobierno federal y de los de los Estados, incluida la Presidencia (Obama recibió para su campaña más contribuciones de Wall Street que cualquier otro Presidente desde 1991, lo que permite comprender la decepcionante  elección de sus consejeros económicos). En la actualidad, la élite navega fácilmente entre los gabinetes ministeriales y la dirección de los grandes grupos, ya que de los dos lados, se comparte la misma visión monolítica: la solución a todos los problemas reside en un crecimiento económico sin obstáculos. Por supuesto, se trata también de los que sacan más  beneficio de esta visión limitada. Los que controlan este sistema político/económico no tienen el menor deseo de efectuar los cambios fundamentales necesarios y esto es  un reto para todos los demás.
 Aunque los Demócratas no se hayan vuelto tan chalados como los Republicanos, a ese nivel, no hay verdadera diferencia el uno con el otro. De los años pasados en el Congreso de los Estados Unidos, Dan Hamburgo, un miembro demócrata representante de California, concluyó: “El verdadero Gobierno de nuestro país es económico, se domina por los grandes grupos que imponen al Estado sus diktats. El objetivo principal de los dos partidos [políticos] consiste en promover un medio ambiente estable en el cual las grandes empresas y sus accionistas puedan prosperar” . “Tenemos siempre el mejor Congreso que el dinero pueda comprar” - como ya lo señalaba Will Rogers en los años veinte.
 Desde un punto de vista budista, el hecho es que este sistema integrado es incompatible con las enseñanzas budistas, ya que fomenta la avidez y la ilusión que está a la raíz de dukkha (el sufrimiento). El papel económico, político y social de los grandes  grupos (a menudo transnacionales), que tienen su vida propia y prosiguen su propio programa, es determinante en la crisis actual. A pesar de su propaganda publicitaria y la de sus “relaciones públicas” , sus mayores intereses son por lo menos diferentes de todos los nuestros. Se propone a veces hablar de “empresa despierta” (enlightened corporations) pero esta metáfora es engañosa, y la diferencia entre este despertar y el despertar budista es ilustrativa.
 El poder en pleno desarrollo de las empresas se institucionalizó en 1886, cuando el Tribunal Supremo publica que una empresa privada era una persona en el sentido de la constitución americana y que beneficiaba, a este respecto, de todas las protecciones garantizadas por la Declaración de los Derechos, en particular, a la libertad de palabra. La ironía es que eso aclara el problema: como lo afirman numerosos carteles de Occupy Wall Street, las empresas (sociedades) no son personas, sino construcciones sociales. Obviamente, la constitución en sociedad (incorporación) no significa dotarse con un cuerpo físico. Las empresas son ficciones legales creadas por leyes gubernamentales, lo que significa que son intrínsecamente extrañas  a la clase de responsabilidades a las cuales la gente se enfrenta. Una empresa no puede reir o llorar. No puede gozar del mundo o sufrir con él. Es incapaz de lamentar lo que hizo (puede disculparse en un momento, pero eso, son relaciones  públicas). 
Una empresa, y es lo  más importante, no puede amar. Amar significa  realizar nuestra interrelación con otros y preocuparse de su bienestar. El amor no es una emoción, sino un compromiso con otros, que contiene nuestra responsabilidad en consideración suya - una responsabilidad que supera nuestro propio interés personal. Las empresas no pueden experimentar tal amor ni actuar en consecuencia. Todo presidente de una empresa que intentara supeditar la rentabilidad a su amor por el mundo perdería su puesto, ya que no cumpliría su primera responsabilidad, que es financiera, hacia sus propietarios, los accionistas. 
El despertar budista incluye la realización de que el sentimiento “ser uno separado del mundo” es una ilusión que causa un sufrimiento por una y otra parte. Realizar que soy el mundo - que “yo” soy una de las numerosas maneras en la cual el mundo se manifiesta - representa el aspecto cognoscitivo del amor que una persona despertada experimenta para el mundo y sus criaturas. La realización  (sabiduría) y el amor (compasión) son las dos caras de una misma moneda, por eso los enseñantes budistas hacen hincapié a menudo en el hecho de que un despertar auténtico se encuentra acompañado de una preocupación espontánea hacia todos los seres sensibles. 
Las empresas “funcionan” gracias a una característica del ser humano bien diferente . La economía de los grandes grupos exige la avidez y de dos maneras al menos: el deseo siempre de más beneficio es el motor del proceso económico; para guardar el crecimiento económico, el consumidor debe ser condicionado a querer más siempre. 
El problema de la avidez empeora cuando se institucionaliza en forma de una construcción legal que asume privilegios independientes de los valores personales y motivaciones de aquéllos que emplea. Tomemos el ejemplo de los mercados financieros. Por una parte, los inversores quieren más rendimientos en forma de dividendos y cotizaciones  en bolsa más elevadas. De otro lado, esta espera anónima se traduce a una presión impersonal pero constante para la rentabilidad y el crecimiento, preferiblemente a corto plazo. Todo el resto, ya  sea el medio ambiente, el empleo, la calidad de vida, se convierte en una “externalidad” sujeta a esta previa demanda anónima.
Participamos todos en este proceso como trabajadores, patronos, consumidores o inversores, con poca o ninguna responsabilidad moral, ya que se ahoga tal conciencia en la impersonalidad del sistema.  Se puede responder que algunas empresas (de las pequeñas empresas o las familiares) cuidan  sus empleados, o están preocupadas por los efectos sobre el medio ambiente, etc   El mismo argumento puede aplicarse a la esclavitud: algunos buenos amos cuidaban de sus esclavos pero esto no refuta que la institución de la esclavitud sea inaceptable. Es  igualmente inaceptable hoy que nuestro bienestar colectivo, incluida la manera en que los “recursos” limitados de la Tierra se comparten, venga determinado por lo que aporta de dinero a las grandes empresas. 
En resumen, nos despertamos  tomando conciencia de que, aunque las empresas transnacionales sean económicamente rentables, están estructuradas de una manera que las vuelve socialmente defectuosas. No podemos solucionar los problemas que crean permanentemente abordando las prácticas de tal o cual sociedad (como Morgan Stanley o el Bank of América), porque es la propia institución que la que es el problema. Dada su influencia considerable sobre el proceso político, no será fácil impugnar su papel, pero tienen su talón de Aquiles:  los códigos de conducta de los grupos (corporate charters) pueden reescribirse para exigir una responsabilidad social y ecológica. Grupos como la Red de los Progresistas Espirituales (Network of Spiritual Progressives) solicitó una enmienda a la Constitución americana sobre la responsabilidad social y medioambiental. Si nuestro destino es permanecer en  manos de las empresas, deberían dar cuenta no a inversores anónimos, sino a las comunidades en las cuales operan. Quizá Occupy Wall Street es el principio de un movimiento que lo realizará. 
Y sin embargo no sería suficiente. Es otra cosa lo que está en juego, aún más fundamental: la visión del mundo que fomenta y justifica esta clase de pesadilla económica de la que comenzamos a despertarnos. En términos budistas, el problema no es sólo  la avidez, sino también la ignorancia. La teoría más a menudo utilizada para justificar el capitalismo es la de la “mano invisible” de Adam Smith: la persecución de nuestro propio interés trabaja en beneficio de la toda sociedad. Pienso que los presidentes de empresas tienen motivaciones algo menos benévolas. No es una casualidad que  la influencia de las grandes empresas ha crecido  al mismo tiempo que el renombre del darwinismo social, esta ideología que duplica la teoría de la evolución de Darwin aplicándola a los campos social y económico. Ahí  fuera es la selva, y solamente los más fuertes sobreviven. Si no dominamos nosotros, son ellos quienes nos dominarán. La teoría de la evolución de Darwin prescinde de un creador y en consecuencia de seguir sus órdenes. Ahora, es cada uno a lo suyo …
El darwinismo social creó un bucle retroalimentado : cuanto más la gente cree en esta teoría y actúa en consecuencia, más la sociedad se convierte en una selva darwinista. Es un ejemplo clásico del modo en como  COcreamos colectivamente en el mundo en el cual vivimos. Y es quizá allí que el budismo tiene más que aportar, ya que propone una visión alternativa del mundo, fundada sobre una comprensión más elaborada de la naturaleza humana, y que explica por qué somos infelices y cómo podíamos convertirnos en más felices. Recientes estudios, psicológicos y económicos, confirman el papel destructivo de la avidez y la importancia de las relaciones sociales sanas, lo que está de acuerdo con el acento puesto sobre la generosidad y la interdependencia en el budismo. 
En otras palabras, el problema no es solo  nuestro sistema económico y político defectuoso, es también una visión errónea del mundo, que fomenta el egoísmo y la competición más que la comunidad y la armonía. El Occidente moderno se divide entre un teísmo en el cual se vuelve difícil creer y una ideología de la competencia salvaje que dificulta la vida para cada uno de entre nosotros. Afortunadamente, hay en adelante otras opciones. 
El budismo tiene también algo de importante que aprender del movimiento Occupy Wall Street: que no basta con concentrarse en despertarse de su sueño individual. En la actualidad, debemos despertarnos juntos de lo que pasó a ser una pesadilla colectiva. ¿Sería el momento de aportar en la calle nuestra práctica espiritual? 
“Si seguimos maltratando la Tierra de este modo, no cabe duda de que se destruirá nuestra civilización. Este cambio radical supone el despertar. El Buda realizó un despertar personal. Debemos realizar un despertar colectivo para detener esta carrera hacia  la destrucción. La civilización se morirá si seguimos perdiéndonos en la competición por el poder, la celebridad, el sexo y el beneficio. ” (Thich Nhat Hanh)

1 comentario:

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años